Tengo los brazos abiertos, cuando hay tantos mutilados;
Mis ojos ven cuando hay tantos sin luz;
Mi voz canta, cuando tantos enmudecen;
Mis manos trabajan, cuando hay tantos que mendigan;
Mi cuerpo está sano cuando hay tantos enfermos;
Es maravilloso volver a casa cuando tantos no tienen dónde ir;
Es maravilloso tener un Dios en quien creer,
Cuando hay tantos que no sienten consuelo ni tienen fe;
Tener tan poco que pedirte y tanto que agradecerte